- Las mujeres han pasado de ser consideradas actores secundarios a ocupar posiciones estratégicas en Nicaragua
Josseline Yaleska M. Berroterán (*)
A lo largo de la historia, la participación de las mujeres en los procesos sociales y políticos ha sido determinante para la conquista de derechos, la ampliación de la ciudadanía y la construcción de sociedades más justas. Las luchas por la igualdad de las mujeres no han sido concesiones espontáneas de los sistemas políticos, sino el resultado de procesos históricos de resistencia, organización y reivindicación que han cuestionado estructuras de exclusión profundamente arraigadas.

Desde las primeras movilizaciones obreras y sufragistas en el siglo XIX, hasta los debates contemporáneos sobre participación política y desarrollo, las mujeres se han consolidado como sujetas históricas capaces de transformar realidades y disputar espacios de poder.
Si bien es cierto que en Nicaragua la mujer ejerce por primera vez el derecho al voto en 1957, como resultado del movimiento sufragista y de décadas de protestas y reclamos impulsados por Josefa Toledo de Aguerri, esto no logró trascender a un cambio estructural para la integración plena de la mujer en la vida pública; sino, hasta años más tarde que con el triunfo de la Revolución Popular Sandinista (1979) se inicia el proceso de institucionalización de la participación, inclusión y reivindicación de la mujer.
En Nicaragua, esta trayectoria de lucha encuentra una expresión particular en la historia política del país y en el papel que las mujeres han desempeñado en los procesos de transformación social. La historia nacional evidencia que las mujeres no han sido espectadoras de los acontecimientos políticos, sino protagonistas activas de las luchas por la libertad, la justicia social y la soberanía. Desde las gestas libertarias del siglo XX hasta la revolución sandinista, la participación femenina ha sido fundamental en la construcción de un proyecto de país basado en la dignidad humana, la equidad y el desarrollo con justicia social.
Reivindicación histórica de la mujer en Nicaragua
La Revolución Popular Sandinista marcó un punto de inflexión en la historia de los derechos de las mujeres en Nicaragua. El sandinismo, inspirado en principios de justicia social y emancipación humana, incorporó desde sus fundamentos programáticos la necesidad de abolir la discriminación histórica que había limitado el desarrollo pleno de las mujeres.
El Programa Histórico (1969) del Frente Sandinista de Liberación Nacional, en su apartado sobre la emancipación de la mujer, establece con claridad el compromiso de la revolución de eliminar la discriminación y promover la igualdad económica, política y cultural entre mujeres y hombres.
Esta visión no solo se expresó en el discurso político, sino también en la participación activa de miles de mujeres en la lucha revolucionaria y en la posterior construcción del Estado nicaragüense. Las mujeres sandinistas asumieron responsabilidades en múltiples ámbitos: desde la lucha armada hasta la organización comunitaria, la educación, la salud y la producción. Esta experiencia histórica consolidó una conciencia colectiva sobre el papel estratégico de la mujer en la transformación social.
Desde esta perspectiva, la reivindicación de la mujer impulsada por el pensamiento sandinista no se limita a la igualdad formal ante la ley, sino que forma parte de un proyecto transformacional orientado a ampliar derechos y fortalecer la participación de todos los sectores sociales en el desarrollo del país. En este modelo, la mujer es reconocida como protagonista de la vida política, económica, científica y cultural, contribuyendo de manera decisiva al progreso de la nación.
Marco jurídico nacional e internacional para la igualdad
El reconocimiento de los derechos de las mujeres en Nicaragua se encuentra respaldado por un sólido marco jurídico que articula principios constitucionales, legislación nacional y compromisos internacionales. Esta realidad es posible a través de la transversalización del enfoque de género, asumida por el Estado nicaragüense y desde la voluntad política presente en el modelo sandinista.
La Constitución Política establece fundamentos claros en materia de igualdad. El artículo 5 reconoce explícitamente el papel histórico de las mujeres en las luchas libertarias y revolucionarias del país, afirmando que las mujeres en Nicaragua ejercen sus derechos en condiciones de equidad y participan activamente en todos los espacios de la vida nacional. Por su parte, el artículo 28 consagra la igualdad absoluta entre hombres y mujeres en el cumplimiento de deberes y en el ejercicio de derechos.
A nivel legislativo, la Ley No. 648, Ley de Igualdad de Derechos y Oportunidades, aprobada en 2008, constituye un instrumento fundamental para garantizar la igualdad entre mujeres y hombres, estableciendo mecanismos para prevenir la discriminación y promover la participación plena de las mujeres en todos los ámbitos de la sociedad. Esta ley se convirtió en el instrumento jurídico que permitió la reorientación y redefinición de las políticas públicas del Estado.
Estas disposiciones se articulan con políticas públicas impulsadas por el Estado nicaragüense, como la Política de Género del Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional, que promueve la incorporación transversal del enfoque de género en las políticas públicas con el objetivo de garantizar una perspectiva redistributiva de género considerando recursos, posiciones de poder y la valoración del trabajo de mujeres y hombres.
Asimismo, el Plan Nacional de Lucha contra la Pobreza y para el Desarrollo Humano 2022-2026 integra el enfoque de género como eje estratégico para el desarrollo nacional, reconociendo que la participación activa de ellas es esencial para la construcción de un modelo de desarrollo sostenible, principalmente en la promoción de la autonomía y emancipación económica de las mujeres.
Este marco normativo también se vincula con compromisos internacionales asumidos por Nicaragua, entre ellos la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible.
Logros tangibles en la participación y el liderazgo de las mujeres
Las políticas públicas orientadas a promover la igualdad de oportunidades han generado avances significativos en la participación de las mujeres en la vida política, social y económica del país. Nicaragua se ha posicionado a nivel internacional como uno de los países con mayores niveles de participación femenina en espacios de toma de decisiones.

Estos avances han sido reconocidos a nivel internacional. Nicaragua ocupa el segundo lugar mundial en participación femenina en gabinetes ministeriales, el tercer lugar en participación de mujeres en el parlamento y el sexto lugar en equidad de género, según el Foro Económico Mundial.
En el ámbito educativo, las mujeres también han alcanzado un papel protagónico. Actualmente, más del 60% de la matrícula en programas académicos vinculados a sectores estratégicos para el desarrollo económico corresponde a mujeres, lo que evidencia una transformación estructural en el acceso a oportunidades educativas y profesionales.
Además, la creación de espacios de atención y prevención de todo tipo de violencia contra la mujer, como las Comisarías de la Mujer, ha sido una estrategia clave para garantizar la seguridad plena de la niñez, adolescencia y las mujeres desde los barrios y las comunidades, en los 153 municipios del país.
De igual forma, la reducción de la mortalidad materna en Nicaragua es un indicador fundamental para medir el desarrollo, pasando de 93 muertes por cada 100 mil nacidos vivos en el año 2006 a 16 por cada 100 mil nacidos vivos en el año 2025, alcanzando una reducción del 83%, lo que se traduce en oportunidades y acceso a la salud materna gratuita para mujeres durante el embarazo, el parto y el puerperio.
Estos avances reflejan un modelo de desarrollo basado en la equidad y complementariedad entre hombres y mujeres, donde ambos contribuyen al desarrollo social, económico y cultural del país.
Educación y transformación cultural
El fortalecimiento de la participación de las mujeres no depende únicamente de reformas legales o políticas institucionales. También requiere procesos de transformación cultural que modifiquen patrones históricos de desigualdad.
En Nicaragua, las políticas educativas han sido orientadas a promover una cultura de respeto, equidad y convivencia entre hombres y mujeres. Desde el sistema educativo se impulsa una formación que reconoce el valor del respeto mutuo, la igualdad de oportunidades y la participación activa de las mujeres en la vida pública, a través de la actualización curricular, incluyendo en la educación primaria y secundaria la asignatura: Derechos y Dignidad de la Mujer.
Esta visión reconoce que garantizar la igualdad entre hombres y mujeres no solo es una cuestión de justicia y dignidad humana, sino también un elemento estratégico para el desarrollo de las sociedades. La participación plena de las mujeres fortalece la economía, dinamiza los procesos sociales y amplía las capacidades de innovación y desarrollo de los países; asumir esta visión abre espacio a una nueva ética de las relaciones sociales.
Reflexiones finales
La historia de las mujeres en Nicaragua demuestra que la lucha por la igualdad ha sido una fuerza transformadora capaz de modificar estructuras sociales y ampliar horizontes de desarrollo. Las mujeres han pasado de ser consideradas actores secundarios a ocupar posiciones estratégicas en la conducción política, económica, cultural, científica y social del país.
Este proceso no es producto del azar, sino del resultado de luchas históricas, del compromiso político por la justicia social y de la implementación de políticas públicas orientadas a garantizar la igualdad de oportunidades.
El hecho de que las mujeres nicaragüenses en la actualidad asuman el poder real, no se limita al acceso a cargos o espacios de decisión, sino que es el resultado tangible de un modelo político que ha transformado realidades, redefinido relaciones sociales y ha abierto caminos para nuevas generaciones.
Reconocer a las mujeres como sujetas históricas de lucha y revolución implica comprender que su participación es fundamental para el presente y el futuro de las sociedades. En Nicaragua, la experiencia demuestra que, incluso en contextos de limitaciones estructurales, es posible avanzar hacia un modelo donde la equidad, la participación y el protagonismo de las mujeres se convierten en pilares del desarrollo nacional.
(*) Politóloga, docente universitaria, especializada en Comunicación y Marketing Político.